Lluvia en el Alma

¡Qué hermosa la lluvia cayendo sobre los caminos polvorientos, sobre los campos yertos, sobre los tejados! Las primeras gotas gruesas cayeron sobre la procesión del Vía Crucis; tuvieron que refugiarse bajo los soportales. Se fue alejando el rugido de los truenos, para dejar salir el sol; pero en la noche, regresaron los truenos y la lluvia.
¡Cómo quisiera que bajase ese lluvia sobre los surcos secos de las almas, las empaparan y así calmaran su sed; sed de paz, de amor, de santidad, de ser apóstoles! Aunque no lo creas, ésa es la sed de millones de almas.
Tardan esas almas en desentumecerse, en adentrarse en los atrios del Señor; llevan pegada a su piel la costra de mil imperfecciones, requieren de abundantes aguas para recuperar su limpieza original. Aquí han venido cansados, sedientos, quebrantada su salud espiritual, como quien ingresa a un nosocomio a rehacerse del todo. Esperan salir de aquí recuperada su alma de niño; fresca y viva su esperanza; las ataduras del egoísmo rotas; con una nueva ansia de vivir, de comenzar otra vez como en sus mejores tiempos. Un nuevo intento, más fuerte que los otros, una nueva esperanza, un entusiasmo entero.
¡Sí se puede con la ayuda de Dios y de esos grandes amigos de la vida, Cristo y María Santísima. Son Ellos los que les llaman y les llevan de la mano.
Comenzar una nueva vida, aquí, en esta casa de oración: ése debe ser su propósito.

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Jesús, Compañero de Camino

Jesucristo se nos da en la Eucaristía como Compañero de camino. Recordemos aquel pasaje de los dos discípulos de Emaús que se iban de Jerusalén a su pueblito, tal vez con la convicción de que no había ya nada que hacer. Regresaban a lo de antes, regresaban a su vida antigua. Y, de pronto, un caminante se les acerca, un caminante que no quería, no permitía que lo reconocieran; era Jesús. Comienza una conversación más o menos larga, un poco difícil al principio, porque hasta le dicen: “¿Eres tú el único forastero que no sabe lo que ha pasado en Jerusalén?” Y Él pregunta: “¿qué?, ¿qué ha pasado?” Después… les explica con la Biblia en la mano todos los pasajes que se referían a Él; dando obviamente a esta explicación un calor, una vitalidad que tuvo efecto

Cuando ya llegaron a Emaús, Jesús hizo el ademán de seguir adelante, como queriendo decir: ¡si me necesitan, díganmelo! Entonces le dijeron: ¡Quédate con nosotros! Lo invitan a cenar, Y a lo que voy es a esto, que cuando están cenando, Él permite que lo reconozcan: se les abren los ojos, y en ese momento se desaparece. La frase en la que me quiero fijar ahora es ésta, la que dijeron ellos: ¿No ardía nuestro corazón mientas nos hablaba en el camino y nos explicaba las escrituras? Eso es lo que pasa con los cristianos, con las personas que tienen fe en la Eucaristía, en los que saben reconocer que en el camino de su vida nunca van solos; Jesús va con ellos. “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”

La vida puede ser dura, puede tener muchas lágrimas, muchas amarguras, mucho sufrimiento, pero es muy distinto sufrir solos que sufrir con Jesús; es muy diferente caminar solos por la vida que caminar codo con codo con Jesús de Nazareth; su presencia transforma el mismo sufrimiento en una cosa distinta. Pero muchas veces nosotros nos empeñamos en caminar solos por la vida; nos hacemos una vida amarga, dura, demasiado difícil, y Jesús nos podría decir: “¿No estoy yo aquí? ¿por qué no me llamas? ¿por qué no crees en Mí?
“Venid a mí todos: los leprosos, los tullidos, los endemoniados”. Todos cabemos ahí
¿Pero, dónde estás, dónde das cita?
Y Él nos dice:
“En todos los Sagrarios del mundo”- En tu parroquia, de día y de noche, sin horas de citas, con ganas enormes de darnos lo que nos ha regalado a precio de su sangre.

No cabe duda que se le queman las manos y el corazón por ayudarnos. Ojalá que vayamos muchas veces, aunque sea con el alma destrozada, tristes, cansados, y sepamos hallar allí la paz y el consuelo prometidos.

El que queda más contento es Él, porque Cristo encuentra su felicidad en curarnos, en salvarnos, en darnos la paz. ¡Hagamos feliz a Cristo! Podemos entristecerlo o alegrarlo, si vamos a Él con fe, o si huomos de Él como el joven rico. Zaqueo hizo feliz a Jesús en día de su conversión; María Magdalena hizo feliz a Jesús el día de su cambio de vida. El Hijo pródigo hizo feliz al Padre Celestial, al regresar; pero el joven rico lo puso muy triste. Cuando tú te vas, ten la certeza de que Jesús llora, y, cuando regresas, ten la certeza de que Jesús está muy contento.

Pensemos, por otra parte, en aquellos que no vienen a la Eucaristía. ¡Cuantos hombres hay hoy infelices, desgraciados, desesperados, ¡cuantos jóvenes, sobre todo, que están en la primavera de la vida, y están viviendo la crueldad y la dureza de un invierno! Estando el remedio tan cerca. La fuente a unos pasos, y morirse de sed. Además siendo tan fácil, porque ¿qué hace falta para acercarnos a Cristo en la Eucaristía? Tener un alma dispuesta, ser humildes, un precio bastante pequeño.

Es necesario llegar a ese Cristo, a ese compañero de camino y decirle desde el corazón :”Tengo un hambre y una sed incontenibles. Vengo cansado de buscar por mil caminos… No he encontrado, no he encontrado paz, ni amor verdadero; no he encontrado sentido a la vida… lejos de ti. Y tú has dicho que eres el camino, la verdad y la vida ¡Por eso vengo a pedirte ese maravillosos Pan de tu Eucaristía, quiero comer de ese pan para encontrar la paz, la vida verdadera, el amor y la felicidad auténticos! “Señor, danos siempre de ese pan y acompáñanos siempre en nuestro caminar”

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14 DE FEBRERO.

El 14 de febrero se celebra el día del amor y la amistad. Lástima que una realidad tan hermosa se haya denigrado tanto. Porque hoy se llama amor a cosas sublimes y a cosas denigrantes. ¿Qué celebras tú el 14 de febrero?

Hay que rescatar el amor, ese valor maravilloso que existe en el mundo. Rescatar el verdadero amor en tantos noviazgos. Rescatar el auténtico amor en los esposos. Un amor que dure, que resista, que no se rompa con el paso del tiempo.

Y digo rescatar, porque se mezcla la perla con el barro, el egoísmo con el más puro amor. Y unos se quedan con el barro y otros se quedan con el amor. Por ello, hay que separar el oro del barro, hay que purificarlo. Porque el día que perdamos el amor, el día que no haya amor en la tierra, estaremos totalmente perdidos.

Todo depende de la fuente de ese amor, el corazón. Nadie da lo que no tiene. Si el corazón es limpio, si el corazón es puro, si el corazón está sano, el amor que de él proceda será auténtica perla, auténtico amor. Si el corazón está podrido, no podemos pedir que brote de él un amor auténtico sino puro egoísmo.

Preguntémonos: ¿Qué clase de amor es el que hay en nuestro corazón?

¿Dónde está el verdadero amor? Que me lleven allí, o me muero.

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ORACIÓN POR LAS VOCACIONES A LA VIDA SACERDOTAL Y A LA VIDA CONSAGRADA

Señor Jesús,
te ofrecemos y consagramos a nuestros hijos.
Tu omnipotencia creadora nos los dio y
nuestro corazón de padres te los entrega.
Aleja de ellos todo pecado,
confírmalos en tu gracia,
y haz, Señor, que te sirvan durante toda su vida
como sacerdotes o almas a ti consagradas.
A nosotros, que sufrimos en silencio su partida
llénanos de tu Amor,
y aunque nos cueste separarnos de ellos
llama a nuestros hijos para servirte y amarte.
Dales sed de almas por amor a ti.
Y que sus ángeles custodios,
desde nuestros brazos donde aprendieron a amarte,
los conduzcan
sacerdotes a tus altares,
misioneros a las misiones,
vidas consagradas al amor a ti,
apóstoles a las almas,
y santos al cielo. Amén.

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DIOS TE NECESITA

Dios te necesita, porque ha querido necesitarte, y, porque te necesita, te lo está pidiendo desde el día que te llamó por tu nombre.

Cada día te vuelve a recordar que tiene necesidad de tu tiempo, de tus cualidades, de tu persona. Sin falsa soberbia, con humildad verdadera, entiende que, si Dios te necesita, lo mínimo que debes hacer es ponerte a su entera disposición; le debes tanto, le has costado tanto, que tu gloria consiste en corresponderle un poco; y debes sentirte tan humildemente grande, tan profundamente feliz de poder ayudar a un Dios Todopoderoso y en una tarea eterna.

Es como si Dios te pidiera ayuda para mover una estrella, para componer una galaxia; más que eso, es para salvar un alma inmortal que vale más que todas las estrellas y galaxias juntas.

Tú le ayudas a Dios; y, si no le ayudas, Él no puede, no puede solo. Dile con profunda convicción: “Aquí están mis manos, aquí están mis pies, aquí está mi lengua, déjame ayudarte, Creador de mundos; enseguida vengo a echarte una mano, Redentor de las almas”.

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El mejor modo de valer para algo

“El mundo espera el paso de los santos” dijo un sabio, Pablo VI, porque los demás arreglan, si es que arreglan, los problemas materiales: pan y circo; pero el hombre requiere de curación para su alma, doctores del alma que sepan manejar la medicina celestial: Los santos la tienen y la dan; dan a Dios y con Dios, la paz íntima, el por qué de la vida y de todo el peregrinar humano; ofrecen fortaleza y amor. Ellos mismos, con su ejemplo, ofrecen un estímulo a superarse, a elevarse del barro para volar a las alturas.

Necesitamos el paso de los bienhechores de la humanidad. Si tú te ofreces a ser uno de ellos, la humanidad ganará mucho; dales a Dios, dales el pan del cielo y el agua viva del Salvador, redímelos, purifícalos, perdónalos para que lleguen un día a la felicidad sin fin.

Si no eres santo, poco les interesarás, muy poco harás por ellos; los políticos muy rara vez aman a su pueblo: Si prometen oro, les dan miseria; los filósofos piensan hoy con mente cansada, y no atinan con las soluciones; los teólogos de taquilla y aún los de buena raza, alimentan los intelectos en las universidades; el hombre necesita raciones fuertes de Dios, y sólo el santo las tiene.

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NIÑO ETERNO

Para llegar a ser adulto
debo despojarme de las cosas de niño,
de los infantilismos del carácter,
de las inseguridades,
y vestirme de valentía y arrojo,
de fe adulta.
Pero madurez no significa
perder lo eterno de la juventud
y el entusiasmo y la alegría de vivir,
y la capacidad de amar, reír y cantar;
mi alma de niño jamás debo perderla
porque, entonces, habrá muerto
lo mejor de mí.

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El dos de Noviembre es la fiesta y el recuerdo de los que nos precedieron en el paso a la otra vida. ¡Cuántos reos del Purgatorio escapan al cielo el dos de noviembre! Pero muchos se quedan, muchos aún necesitan purgar, aprender a fuerza de dolor que la sensualidad y soberbia a quienes sirvieron no eran su felicidad; con el dolor de la espera, del amor que siente ganas de volar al cielo y aún no puede, tienen que purificarse en humildad, pureza y mansedumbre. Pero este dolor tiene final; dolor fatal el otro, el que no termina, el que siempre está comenzando y doliendo, como el sufrimiento agudo, terrible que llega de improviso. El Infierno es un dolor que eternamente comienza.

Fuimos de noche al Cementerio de Tenancingo; se veía con dificultad, porque las velas junto a los sepulcros estaban agotándose, pero olía a perfume de muchas flores: nardos, rosas, claveles, azucenas.

Un cementerio cristiano nunca es triste, es un bosque de cruces sobre las lápidas que infunden perpetua y profunda paz a ese lugar; imágenes cristianas sobre las tumbas además de la cruz, parecen guardianes seguros de cada difunto; todo el cariño a los seres queridos muertos se resume en los epitafios y en las flores.

El cementerio el dos de Noviembre es un bellísimo jardín que reúne a las familias, recoge todas las flores de los jardines y eleva al cielo las más bellas oraciones.

Publicado el por pmariano | 1 comentario

El Mar

¡Ay de mí si me conformo con un sillón
para sentirme el gran señor!
Prefiero los mares, los barcos,
redes y anzuelos,
no sillones cómodos,
sino el suelo inestable de la mar.
Unas tablas por sillón,
sudor de sal en la frente,
brisa que curte el rostro
y la alegría de una red repleta de peces.
Me gusta la inmensidad del mar
de color azul.

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Trate de darte una buena educación

Muchos padres de familia no saben qué hacer con sus hijos adolescentes. Traté de darle una buena educación, ¿dónde fue a parar?. Lo llevé a un colegio para que me lo educaran bien, ¿qué ha sucedido con esa educación?.

Puede ser que tú no tengas la culpa. La culpa la tiene todo ese ambiente que se ha formado, y que va destruyendo cualquier valor, cualquier síntoma bueno que pueda haber en los jóvenes. Desde la música que escuchan, los lugares de diversión, las ideas que andan en el ambiente. Aparte de sus propias pasiones. Y no es que sean malos estos jóvenes.

Pero, vamos a intentar una solución que te quiero ofrecer. La mejor manera de que esos jóvenes se mantengan firmes en los valores consiste en hacer que ellos los defiendan.

Primero, hay que explicarles estos valores, por ejemplo, el respeto, el verdadero amor, la afición al estudio, etc. Una vez que los han hecho suyos, decirles: “Te vas a enfrentar a un mundo donde te van a querer robar todas esas cosas. Tú eres el que tienes que pelearlos, el que tienes que defenderlos; nadie más. Así que tú sabes, cuando te encuentras frente a un televisor, y sientes deseos de ver programas pornográficos, tú sabes si los ves o no los ves. Tú sabes con qué amigos vas o con qué amigos no vas, si te convienen o no. Tú sabes si te metes a las drogas o no te metes a las drogas. Tú sabes si te emborrachas o no te emborrachas. Tú eres el que te tienes que vigilar, el que tiene que decidir una cosa o la otra”.

Eso se llama convicción, espíritu de convicción. Si logras inculcar esto en tus hijos, es muy probable que esos valores no los pierdan.

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