Ser otro Cristo


El sacerdote, en su explicación más profunda y anchurosa, no es sino la reproducción del mismo Cristo. Produce inmensa satisfacción saberlo: Ser otro Cristo en este mundo es la tarea más bella y fascinante.
Tú haciendo el papel del Hijo de Dios, cargando sobre tus pobres hombros los poderes de consagrar y perdonar; porque esto lo has hecho y lo sigues haciendo a diario. Pero a medida que te alegras, te entra hasta las raíces del alma un temor profundo, la indignidad sale a flote como las cucarachas cuando se difunde un detergente en aerosol. Eres un pobre ser humano, ¿cómo no temer, y temer con razón?


No sabes si adentrarte en el temor o dejarte invadir por la alegría; quizás debas hacer ambas cosas; cuando la depresión te ahogue, pensar que por muy miserable que te sientas, tienes poderes divinos; y cuando el incienso de lo celestial trate de emborracharte, entrar en el agujero del que saliste.
Todos sienten lo mismo. Ya no detenerte, sino armarte de coraje y salir a las calles a perdonar en nombre de Cristo, a celebrar Misa en nombre del Redentor, y por la noche desde un rincón arrodillarte y suplicar, como el publicano, que tenga piedad de ti.

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Una respuesta a Ser otro Cristo

  1. Anónimo dijo:

    Estaba pesquizando este asunto en particular mediante el uso de google cuando me topé con su pagina. Tienes una gran cantidad de contenido extraordinario aquí. Sin duda una de mis favoritas.

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