Con los cristianos (todavía) no se puede hablar

¿Demasiado fuerte la expresión? Una urgente mirada hacia nuestro interior.
Artículo especialmente dedicado a L’Osservatore Romano: http://www.clarin.com/sociedad/libros/Vaticano-volvio-condenar-Saramago_0_283771695.html.
Los comunistas no son ni fueron perfectos, pero… ¿Quién lo es? La mejor defensa no siempre es el ataque.


Hace poco me encontré en el “chat” de un grupo social en Internet con un amigo y colega músico católico. A decir verdad, no podría decir que es un amigo; es más bien un conocido del que realmente sé pocas cosas, ya que no hemos podido establecer lazos firmes.
Después de los naturales saludos me preguntó:
-Oye, ¿tú vas a ir al congreso nacional de servidores de…? (amig@ lector@, coloque usted aquí el nombre de la organización católica que considere de importancia).
-No- le dije. –La verdad no tenía ni idea de ese evento.
-Oye, pues allá nos vemos, es en tu ciudad. Allí podemos encontrarnos.
-Sí, claro, pero…
-La inscripción vale… Y allá podemos vernos. Y va a ir (coloque ahora aquí el nombre de algún renombrado predicador de la organización ya mencionada)… Un gran tipo, muy abierto y amable.
-Mira -le contesté, –la verdad es que no comparto muchas de las ideas de (la organización anteriormente mencionada).
No sé qué cara habrá puesto mi interlocutor frente a la pantalla de su computador, ya que no estábamos en video chat, pero me respondió inmediatamente:
-Deberías documentarte más acerca de (la organización ya citada). Mira que se dicen muchas cosas de ella y pocos la conocen.
Y finalmente se despidió muy cortésmente y me mandó muchos saludos.
Tras esta escena me acordé de una serie radial llamada Cristianos en Búsqueda, que recomiendo mucho y que tiene un capítulo que parece describir perfectamente la situación descrita: “Con los cristianos no se puede hablar” (http://www.serpal.org/cristianos2.php). Esta serie fue grabada por allá en los años 60 o 70 del siglo pasado, cuando experiencias como el Concilio Vaticano II y la Conferencia Episcopal de Medellín daban nuevos aires a la Iglesia.
Con los cristianos, con las cristianas, no se puede hablar…¡Qué frase tan tremenda! Con nosotros -los Llamados (no los Elegidos) a ser comunicadores en potencia de la Buena Noticia del Amor de Dios-, con nosotros los demás, aquellos que no creen en lo que creemos, difícilmente pueden establecer vínculos. A veces les resulta imposible. El caso es que esta ha sido una tendencia histórica (asumida o no) de nuestra Iglesia y en general de todo credo cristiano: al creer que somos los poseedores de la Verdad, hemos pasado por encima de la fe, de la vida y de la dignidad de mucha gente en demasiadas ocasiones. Y en dichas ocasiones, ha sido así a favor de oscuros intereses. Otras veces creemos que nos atacan y al fuego le damos fuego, a la violencia respondemos con más violencia. O con una delicada ironía; tampoco hay que exagerar.
Con nosotros no se puede hablar porque la gran mayoría de la veces no sabemos (o no queremos) escuchar. Yo soy comunicador social y, con perdón de la universidad donde me gradué, allí me enseñaron a emitir, a producir mensajes de una y mil maneras. Pero nunca estuve en una clase llamada “introducción y perfeccionamiento del arte de escuchar”. Porque escuchar es un arte y mi experiencia me ha señalado que es, en la práctica, un elemento indispensable de la comunicación humana si ésta pretende ser efectiva. Y como todo arte, dominarlo es supremamente difícil. Ninguno de nosotros podría jactarse de ser Momo, el personaje de Michael Ende, una niña que sabía escuchar como nadie. Ahí todos la hemos embarrado, como decimos en Colombia. El que esté libre de pecado…
Y creo que en el caso que presenté al comienzo del presente texto eso fue lo que le faltó a mi colega: si le dije que no estoy de acuerdo con ciertas cosas de aquella organización católica, una muestra de verdadera actitud comunicativa de su parte hubiera sido preguntarme por qué. Escuchar no sólo implica simplemente activar el sentido físico del oído (o de la vista, ahora que estamos en la era del “ciberchat”). Implica interesarse a fondo por lo que los demás tienen que decir, estar dispuesto a intercambiar puntos de vista, así no sea siempre agradable para uno. Es sencillamente (se dice fácil, ¿verdad?) considerar a los demás como legítimos interlocutores, a quienes vale la pena tener en cuenta, cuyas opiniones son respetables. Probablemente si mi colega hubiera accedido al diálogo, yo hubiera podido ver de forma más positiva las razones de la organización en cuestión. Ahora me parece que ocurrió todo lo contrario.
Como siempre, Jesús nos da el ejemplo con ese don maravilloso que está al alcance de cualquiera que cree en Él si se lo propone: el Maestro es un gran comunicador porque se atreve a escuchar, especialmente a aquellos y aquellas que son víctimas de la marginación causada por los que se creen superiores. Y al escucharlos, al responderles con palabras efectivas de esperanza, confirmadas con hechos concretos, les devuelve su dignidad y les recuerda que son valiosos a los ojos del Padre. Los verdaderos santos, lejos de ser perfectos, son aquellos que siguen la indicación de Jesús y por eso son lo que son, son quienes son. Yo diría que un cristiano es aquel que desde el acto de escuchar propone cambios que conducen a la felicidad común, y lucha por hacerlos realidad sin pasar por encima de la dignidad de nadie.
No puedo dejar de decir que los músicos cristianos y en nuestro caso, los católicos, somos de los que más padecemos de esa sordera (¿voluntaria o involuntaria?) que nos aleja de la gente y de nuestros hermanos y colegas, incluso cuando creemos que estamos haciendo las cosas maravillosamente bien. Por ejemplo, cuando en cierta ocasión establecí contacto con un grupo o ministerio de música de otro país (nuevamente vía Internet, claro), la primera pregunta que me hicieron fue: “¿ya has escuchado nuestro nuevo disco?”. Sin demeritar el trabajo de estos hermanos, creo que lo más correcto cuando conoces a alguien es primero establecer un mínimo contacto con el otro en el que demuestres cierto interés por su contexto, por su situación: lo primero es decir “¿cómo estás?“. Así se genera confianza suficiente para que a tu vez puedas contarle acerca de tus cosas; así muy seguramente lograrás que tu interlocutor también se interese en tu discurso y habrá un enriquecimiento mutuo. Aguantar un poco las ganas de hablar acerca de uno para interesarse por el otro. ¿Se imaginan si estos amigos actúan de la misma manera con una persona que no tiene nada que ver con Jesús, y peor, que no le interesa saber nada de Él? Personalmente, creo que éste los manda a freír espárragos y con razón, discúlpenme.
Estoy seguro de que el adiestrarnos en el arte de escuchar a los demás es una herramienta mil veces más evangelizadora que una invitación a una misa, a un congreso o a un concierto hecha por el mero afán de “agregar más ovejas al redil” o de “vender más discos, lograr que me conozcan más”, afán que últimamente se ha hecho más notable. Y no lo olvidemos: los cristianos, los mensajeros de la Buena Noticia, no imponemos: persuadimos con argumentos. Jamás obligamos: invitamos. Esa es la idea.
Obviamente es imposible generalizar. Gracias a Dios todavía hay quienes creen en el mensaje de Jesús con el compromiso que éste pide; se esfuerzan por dar lo mejor de sí mismos a los demás, sin hacer distinciones de credos, razas, condición social u opiniones políticas y siempre con un espíritu de respeto. Todavía hay personas dispuestas a escuchar con gusto las propuestas ajenas, así les cueste, así se equivoquen en ocasiones. Doy gracias porque durante estos años he podido conocer a varias de estas personas; pido y espero estar siempre a la altura para aprender de ellas, para mantener viva su amistad. A ellas y a ellos les animo a seguir compartiendo esa fuerza del Espíritu hecha vida.
Sin embargo me temo, y muchas otras personas piensan también, que con los cristianos, que con muchos de ellos, no se puede hablar… Que con nosotros todavía no se puede hablar.
Cristiano, cristiana: ¿contigo sí se puede hablar? ¿Estás en disposición de escuchar? Como están las cosas esta pregunta, ahora más que nunca, va muy en serio.

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2 Responses to Con los cristianos (todavía) no se puede hablar

  1. Pastor Jurado says:

    Muy bueno su artículo. Pienso que somos menos personas si no sabemos escuchar.¿Existe diálogo con quien no escucha?
    Lo saluda
    PJ

  2. OLGA GUERRERO says:

    ESTOY DE ACUERDO QUE SI SE PUEDE HABLAR CON UN CRISTIANO TOTAL SI TODOS PROFESAMOS LA MISMA FE Y AL MISMO SER SUPREMO NO DEBERIA HABER DISTINCIONES DIOS NOS CREO A TODOS A SU IMAGEN Y SEMEJANZA Y QUIERE QUE TODOS NOS AMEMOS COMO HERMANOS QUE SOMOS NO ME IMPORTAN LAS RELIGIONES. MI RELIGION ES DIOS Y TRABAJO A SU SERVICIO NO PARA MI PROPIO INTERES…. MUY BUENO E INTERESANTE COMENTARIO PUBLICITARIO. DIOS LO BENDIGA

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