Encuentros entre los músicos católicos: ¿Cuestión de colegas o de amigos?

¿Habrá temor al encuentro entre los que se dedican a hablar y a cantar acerca del Reino de Dios? Hace falta reconocernos los unos a los otros, y de una forma diferente, si queremos salir todos adelante.


Todo comenzó con una frase
Hace poco, me encontré en el ciberespacio con una amiga que conocí hace unos meses en mi ciudad y que también se dedica a este asunto de la música para Dios con su banda. Charlamos un rato acerca de las cosas que estábamos haciendo en ese momento, cada uno en su casa, y de las actividades que llevamos a cabo como músicos. Felizmente, no faltaron los chistes ni las bromas en nuestra conversación.
Cuando llegó el momento de finalizar nuestro diálogo, le pregunté cuándo podríamos vernos para charlar y compartir un rato. Ella me respondió con la siguiente frase:
-Cuando tengamos un toque o una presentación, yo te aviso.
Lo que significaba que nos veríamos solamente cuando su grupo tuviera un evento al cual yo podría asistir; de esta forma lograríamos encontrarnos.
Como tenía que salir a hacer no se qué diligencia en ese momento, le respondí a mi amiga que estaba bien su indicación, nos despedimos, apagué mi computador e inmediatamente me dirigí a mi destino. Sin embargo, por el camino misteriosamente comenzaron a resonar en mi mente, quién sabe por qué, sus palabras:
“Cuando tengamos un toque o una presentación, yo te aviso… Cuando tengamos un toque o una presentación, yo te aviso… Cuando tengamos un toque o una presentación, yo te aviso”.
No pude entonces evitar recordar una conversación que tuve en otra ocasión con amigos y colegas músicos acerca de los escasos contactos que, al menos en Bogotá y en Colombia, tenemos los que nos dedicamos a la evangelización por medio del arte y de los efectos que esta falta de unión produce. ¿Qué tendría que ver la insistente frase de mi amiga y este nuevo recuerdo?
Una situación que se calca una y otra vez
En nuestro caminar como músicos, mi esposa y yo hemos vivido muchas experiencias, muchas muy agradables y otras no tanto, y todas se las agradecemos a Dios. Entre todas estas vivencias, como si fuera un extraño vapor que se cuela por entre las piedras de una construcción, aparece una razón que probablemente explique el por qué los músicos cristianos católicos tenemos ese problema de la desunión.
Pareciera que el único espacio de encuentro para nosotros son necesariamente los conciertos, los festivales, los concursos propios o ajenos, o eventos semejantes. Cuántas veces Pilar y yo hemos comentado que cada vez que viene un artista católico originario de algún país hermano y asistimos a su presentación, nos encontramos con varios de nuestros conocidos en este medio, intercambiamos unas cuántas palabras e impresiones y nos despedimos, no sin entregarnos mutuamente y por enésima vez números de celular y correos electrónicos.
En algunos casos, el contacto se amplía si el uno invita al otro al evento que próximamente se va a llevar a cabo y en el cual participará y al cual, francamente, no se sabe si se va a asistir, porque quizás es muy pronto y ya hay planes para ese momento, o porque simplemente las ocupaciones y obligaciones diarias nos lo impedirán. Y estos encuentros fugaces se repiten cada vez que hay un evento de magnitud suficiente para que podamos vernos.
¿Habrá alternativas? ¿Habrá explicaciones?
¿Cómo podríamos entonces encontrar otros espacios de encuentro entre los músicos y los artistas?
A algunos se nos ha ocurrido que sería muy chévere sacar tiempo para encontrarnos de manera más espontánea en cualquier lugar: en un café, en una panadería, en una pizzería, en fin, en cualquier parte, para charlar y departir un rato. Pero esta idea, además de que no hemos sabido transmitirla, plantea otra situación que hemos observado y que nos llega en este momento con la tremenda frase de mi amiga como detonante.
¿Será que los músicos le tenemos miedo, pavor, a encontrarnos con nuestros colegas y hermanos para mostrarnos tal y como somos, y que por eso preferimos que nos vean siempre en el escenario, donde micrófonos, instrumentos y luces nos protegen y maquillan?
¿Por qué, cuando se hacen propuestas de unión entre los músicos católicos dirigidas al avance y mejoramiento de nuestro trabajo –impregnadas, casi que inevitablemente, con el picante de nuestros hermanos protestantes que-nos-llevan-años-luz-en-este-asunto-, se habla mucho en términos empresariales, y poco se habla de la urgente necesidad de conocernos en el plano personal, antes que en el profesional, siempre en el marco del servicio a nuestras hermanas y a nuestros hermanos, cristianos y no cristianos, creyentes y no creyentes?
Que quede claro, por favor
Nosotros no somos maquinitas de cantar o de predicar, si es que no nos ponemos a veces un poco “sermoneantes” o exageramos en lo que se denomina “lo carismático”. Somos seres humanos. Tenemos alegrías y tristezas. Algunos tienen hijos que acaban de dar su primer paso o que han logrado decir por fin “mamá”. Algunos lograron graduarse de la universidad, o consiguieron novio (o novia). Otros, probablemente, no han logrado reunir la plata para el arriendo o los servicios. Muy seguramente tendrán problemas cuya solución estaría rondando entre nosotros, a partir de cosas sencillas como que alguien los escuche. Y ahí está el detalle: trabajamos en términos de productividad y de profesionalismo (“Federación Rodrigombiana de Músicos Católicos”, digamos) y no en términos de amistad, de comunidad, de trabajo en equipo, en los que somos verdaderamente seres humanos, para servir a otros seres humanos y al resto de la Creación.
Ser amigos antes que colegas: ¡cómo nos cuesta lograr este objetivo!
No se trata, desde luego, de ponernos en el plan de que todo tiene que ser entre nosotros pura paz y armonía, como en un momento se nos plantea en los Hechos de los Apóstoles (Hch 4.32-37). Necesariamente, toda relación humana tiene sus momentos de conflicto. No olvidemos los serios roces entre los cristianos de origen griego o helenista y los de origen judío (Hch 6.1), los desacuerdos entre Pablo y Bernabé por causa del joven Juan Marcos que dieron al traste con su trabajo misionero conjunto y al parecer con su amistad (Hch 15.36-41), y entre el mismo Pablo y los hermanos de la iglesia de Corinto, tal y como el apóstol refiere en sus cartas. Pero precisamente la idea es que, incluso con esos líos y problemas, a partir de su solución, crezcamos como seres humanos y ayudemos a lo demás a lograr el mismo objetivo.
No tiene que ver, pero tiene que ver
Doy un ejemplo que quizás no va al caso. Aparte de su música, una cosa que siempre he admirado de los músicos británicos que surgieron en la década de 1960, es que no solamente compartían escenarios. También les gustaba reunirse y charlar de temas diversos. Se encontraban en bares, fiestas y otros lugares públicos. Iban juntos a los conciertos de los otros, asistían a los estudios de grabación donde los otros elaboraban sus discos (el ejemplo clásico: el video del tema A Day in the Life de Los Beatles, fácilmente localizable en YouTube). Claro, no faltará quien me diga que también compartían sus pipas y quién sabe qué más. Imposible negarlo. Incluso entre algunos había rivalidades notorias, similares a las que, muchos años después, hubo entre dos de sus grupos herederos, Blur y Oasis. Pero sin irnos por las ramas, la gracia es que, en un medio tan competido, en donde los intereses comerciales de las fieras del espectáculo dominaban, ellos no dejaban de ser amigos. Una anécdota: para poder dar crédito como intérprete de la guitarra rítmica a George Harrison en el último disco de Cream, la banda de su amigo Eric Clapton, y debido a sus compromisos con sus respectivas disqueras, George aparece en el trabajo Goodbye con el seudónimo L’Angelo Misterioso. Amistad por encima de todo.
Y por si las moscas, un segundo ejemplo: José Saramago, premio Nobel de literatura en 1998, tiene, cómo no, un número selecto de amigos escritores, entre ellos Gabriel García Márquez. Suele estar en contacto con ellos de diversas formas. Incluso, en ocasiones se encuentra personalmente con algunos de sus colegas-camaradas en ferias internacionales del libro. Interrogado al respecto, don José ha sido muy enfático: “Se equivoca quien piensa que cuando nos encontramos hablamos de literatura. Hablamos de la vida”.
¿No podríamos los músicos cristianos, católicos, seguir el ejemplo de Clapton, Harrison, don José Saramago y sus amigos, para ver si podemos mejorar este asunto nuestro, esta responsabilidad nuestra de impulsar, de hacer vida en este mundo, el Reino de Dios? Ahí les dejamos, Pilar y este servidor, la inquietud.
No está de más invitarlos a opinar sobre este artìculo.

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5 Responses to Encuentros entre los músicos católicos: ¿Cuestión de colegas o de amigos?

  1. Stiven--- says:

    Tienes toda la razón, charlie, x mi parte, también me incomoda cuando me salen con esas frases, queriendo de veras, impresionar más como “músico” que como Cristiano amigo… son actitudes que tenemos que cambiar, no solo de palabra, sino de hecho. Y más cuando entre “colegas” tenemos tanto en común, que nada tiene que ver con la música.

  2. VERONICA says:

    HOLA, PARA MI NO ES NI COLEGA ,NI AMIGO SINÓ HERMANOS,SOMOS PARTE DEL MISMO CUERPO DE JESÚS Y NO DEBEMOS OLVIDARNOS DE NUESTRO FIN ,QUE OTRAS PERSONAS CONOZCAN EL AMOR DE DIOS, Y PARA ESO LA MISMA PALABRA DICE QUE SI NO NOS AMAMOS ENTRE NOSOTROS DIOS NO ESTÁ CON NOSOTROS, ME PARECE GENIAL LA INQUIETUD CREO QUE DIOS NOS PIDE MÁS UNIDAD EN NUESTRAS COMUNIDADES EN ESTE TIENPO Y PORQUE NO EN LAS COMUNIDADES DE MÚSICOS, YO SOY DE ARGENTINA Y AQUÍ HAY UN RETIRO ANUAL PARA MÚSICOS, Y AUNQUE NO SOY MÚSICA PERO MI MARIDO SÍ, PARTICIPÉ DEL MISMO Y ES EMOCIONANTE COMPARTIR LAS EXPERIENCIAS DE HERMANOS EN CRISTO , GRACIAS POR TAMBIÉN COMPARTIR ESTA OPINIÓN, TODO PARA LA GLORIA DE JESUS!!!

  3. aldo blanco says:

    Estoy de acuerdo con ustedes, nosotros como musicos evangelizadores deberiamos de ser los primeros en dar testimonio de amistad y apoyo desinteresado.Antes que musicos somo hermanos en Cristo

  4. Marcela Mereles y del Valle says:

    Hola soy Marcela y yo también soy música. Supongo que no soy de su generación pero me sé muchas canciones de la Iglesia ya que por supuesto y ANTES de música, soy católica y creo que por lo que dices hay que analizar si primero queremos ser músicos con sus vanidades y competencias, o somos católicos y le cantamos al Señor y evangelizamos con la música. Me gustaría pertenecer a algún grupo ya que ahora no tengo ningún grupo. Toco la guitarra y he tomado clases de canto pero como dicen está muy disgregado el Ministerio de Música Católica. Qué se puede hacer? Todos los que tenemos ese don pues unámonos en Cristo y para Cristo. Un beso a todos mis colegas. Les participo que la música de Lalo Ortiz Tirado me ha movido mucho a vivir el Evangelio ya cambiar.

  5. PEDRO says:

    hnos saludos.. Yo creo q esto se resume por experiencia en mi pais, todo surge de la accion e interaccion constante, creo las relaciones de amistad entre musicos catolicos o no
    surgen como con cualquier otra persona…eso es de aclarar q es utopico pensar q todos los musicos catolicos “tengamos q ser amigos propiamente dicho”, de loq si si estoy seguro es q todo musico catolico debe tener claro el sentido de “comunion y participacion” Dpc. puebla 1978 de alli nacera la conciencia comunitaria de respetar y compartir las distintas carismas, maneras de pensar y sentir en la accion ministerial.. saludos a todos y bendicines…

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