Los instrumentos musicales y su consagración

En 2007 nos reunimos varios músicos, por invitación de la Fundación SoloDios, en el Campamento Mishkán, un evento de formación para artistas. Durante el Mishkán, di una charla titulada Los instrumentos musicales y su consagración. Les presento un artículo con el texto de dicha charla.


La primera definición que del término “consagrar” da un diccionario común y corriente como el Diccionario Práctico Larousse, es la siguiente: Dar carácter sagrado, dedicar a Dios. De esta definición pasamos a la que se encuentra en la Biblia Dios Habla Hoy en su glosario: Consagrar un lugar, objeto o persona a Dios quería decir apartarlo para él. Otra palabra que las versiones tradicionales usan para designar lo así consagrado, es “santo”. Como señal visible de la consagración, se untaba o derramaba aceite de olivo sobre la cabeza del que iba a ser consagrado (“ungir”, “ungimiento”). Así se consagraba a los sacerdotes y a los reyes.
1. ¿Qué significa “consagrar”?
De estas definiciones se puede entender que hablar de una consagración es referirse al acto de dedicar de manera exclusiva el uso de un objeto a una finalidad específica. Valga lo gráfico de los siguientes ejemplos: ¿acaso encontraremos los cálices, copones y demás utensilios empleados en la celebración de la Eucaristía en la cocina de la parroquia? ¿O encontraremos las albas, las estolas y los cíngulos con los que se revisten los sacerdotes y servidores eucarísticos en su guardarropa particular? Desde luego que no: Estos utensilios y ropajes tienen un fin exclusivo y para tal fin se destinan.
2. Consagración de los instrumentos musicales
Si nos remitimos a la Palabra de Dios, encontramos que El Señor pide que se le consagren objetos, como por ejemplo el Arca de la Alianza (Éxodo 25.10-22; 37.1-9) o El Templo de Jerusalén que construyó el rey Salomón, como símbolos de la presencia del Señor entre su pueblo y de su protección.
En nuestro caso como músicos, la Iglesia aconseja la consagración a Dios de los instrumentos musicales que empleamos en las actividades que nos corresponden. Para esta consagración, normalmente se solicita a un sacerdote que haga una oración especial al Señor en la cual le presenta el instrumento y le pide que éste sea utilizado para Su servicio, para que se haga Su Voluntad. ¿Para qué, por qué se hace esto?
Consagrar los instrumentos implica, entre otras cosas:
Reconocer que de Él hemos recibido los instrumentos y que los queremos poner a Su Servicio. Esto también implica una buena dosis de sincero agradecimiento.
Aceptar que los emplearemos solamente para los usos de nuestro servicio musical. En esto hay que tener mucho cuidado de no ir a los extremos, porque eso no quiere decir que estos instrumentos no sean usados, por ejemplo, para celebrar a algún amigo o familiar que esté de cumpleaños, o para animar algún momento de sana alegría, ya que Dios mismo es Amor y una de sus manifestaciones es la Alegría (“un santo triste es un triste santo”).
Lo que se debe evitar es que los instrumentos se toquen para acompañar canciones explícitamente destructivas que no aportan nada bueno, o en momentos que no contribuyen sino a generar ambientes negativos.
Darnos cuenta de que los instrumentos consagrados son signos de algo mucho mayor: la consagración de nuestras propias vidas a Dios. Es como pensar: “si esta guitarra la he consagrado al Señor, con mayor razón mi vida entera debe estar consagrada a Él”. Y esta consagración es, al final de cuentas, tomar partido por Su creación, por la naturaleza y por las personas, nuestras hermanas y hermanos.
3. La consagración de los instrumentos es un llamado a la fraternidad
La consagración de los instrumentos no debe ser una excusa para el egoísmo. Es decir, no porque yo consagre un instrumento a Dios significa que lo he consagrado para mi exclusivo uso -lo consagré a Dios, no a mí-. Es cierto que hay que cuidar con empeño y cariño los regalos que Dios nos ha dado, pero eso no significa, por ejemplo, que no debamos ni podamos compartir en un recital nuestros instrumentos consagrados con hermanos que no tienen la oportunidad de contar con estos equipos. Las cosas de Dios no deben ser pretextos para fomentar la falta de solidaridad. El que comparte un instrumento está llamado a hacerlo si así se requiere, y quien recibe este instrumento compartido debe cuidarlo como si fuera suyo. No olvidemos la vida de los primeros cristianos (Hechos 2.44).
4. Los verdaderos instrumentos consagrados
Ya hemos visto que lo importante de la consagración de instrumentos musicales debe ser signo de la consagración a Dios de quienes los ejecutan, de quienes los interpretan.
También hemos visto que en la Biblia, cuando una persona era consagrada al servicio de Dios, se le ungía, se le untaba con aceite de olivo (la ramita de olivo de la paloma de Noé es un símbolo de paz, junto con el Arco Iris: revisar Génesis 8.11). En el Antiguo Testamento tenemos el ejemplo de David: Fue ungido rey (1 Samuel 16.13), por una razón especial, para una misión específica (1 Samuel 7.8). Y esa misión no era solamente un honor: es también una responsabilidad. La consagración implica una responsabilidad.
La totalidad del Amor de Dios para nosotras y nosotros tiene nombre propio: Jesús. Y Él también fue consagrado, aunque no mediante el signo físico del aceite de olivo, sino mediante su Bautizo con Espíritu Santo ¿Y cómo se manifiesta Su Consagración?
El artículo ¿Quiénes son los seglares consagrados? (www.iglesiapotosina.org) indica lo siguiente (me permito resaltar algunos puntos interesantes):
Jesús vivió su consagración precisamente como Hijo de Dios: dependiendo del Padre, amándole sobre todas las cosas y entregado por entero a su voluntad.
Por eso, toda consagración debe entenderse en referencia explícita e inmediata a Jesucristo como una real configuración con Él en una dimensión de su misterio. En consecuencia, allí donde haya una verdadera conformación con Cristo, allí habrá verdadera consagración.
La consagración tiene un carácter de totalidad. Comprende a toda la persona y abarca toda su vida. Por medio de los tres votos, el hombre se entrega a sí mismo en totalidad a Dios, realizando una verdadera transferencia de propiedad. No sólo le ofrece los frutos del árbol de su vida, sino el árbol mismo con sus raíces y toda su capacidad de fructificar; y no por etapas, sino de una sola vez y para siempre.
También la vida consagrada es un acto que genera un proceso. La configuración con Cristo virgen –pobre- obediente debe ir creciendo ininterrumpidamente hasta llegar a ser, de verdad, una pura transparencia de Jesús.
La vida consagrada nace en la Iglesia y para la Iglesia. Los llamados consejos evangélicos y el estado de vida en ellos fundado son un don divino que la Iglesia recibió de Jesucristo y que con su gracia conserva siempre. Este modo de vida pertenece esencialmente a la estructura interior de la misma Iglesia. La consagración redunda a favor de la Iglesia entera, que es el ámbito propio de nuestra inserción en Cristo y de la misma consagración. “Es la Iglesia quien autentiza el don y es medidora de la consagración” (E. E. 8).
Ya que Jesús es el modelo de todo cristiano, nuestra consagración como músicos debe entenderse como un seguimiento del estilo de vida que Él nos propone a partir de una libre elección de servicio a Dios, haciéndola visible realmente en el servicio a los demás, a quienes nos rodean, siempre sin distinciones. Es verdaderamente difícil de hacer, quién puede negarlo, pero si El Señor no construye la casa, en vano se cansan los trabajadores (Salmo 127.1). La base del trabajo es Dios, no nuestras fuerzas solamente.
Por otra parte, así como tenemos el llamado a ser consagrados para estar al servicio del Señor, apartados para Él, sin ser del mundo pero viviendo en él (Juan 17.15), nosotros tenemos que tomarle mucho amor a esa consagración, una consagración que no es en ningún momento un mero nombramiento o cargo honorífico. Y ese Amor a la consagración nace de un reconocimiento total de que sin Él no podemos vivir. Así como el Señor cuenta con nosotros para hacer un mundo mejor del que ahora tenemos, nosotros debemos sentirnos necesitados de Dios, de Su Amor y de Su Palabra de Vida. Porque la idea es que toda la Creación llegue a ser Consagrada totalmente a Dios, que toda la Creación sienta esa necesidad de Dios de la que hablo.
Marco López, músico chileno, dice lo siguiente: ¡Músico, es tiempo de que tú y yo empecemos a valorar este don maravilloso que Dios nos ha confiado! Siéntete privilegiado de que Dios haya pensado en ti para servirle a través de este hermoso don. A la vez, siéntete muy responsable también, ya que Dios te ha confiado uno de sus mayores tesoros. Y recuérdalo siempre: El don de la música es un gran privilegio, pues ocupa un lugar importante en el corazón de Dios, pero esto conlleva consigo una gran responsabilidad también (…) Los músicos cristianos estamos llamados a hacer vida lo que cantamos, es decir, más que a ser intérpretes, a ser “Testigos” del amor de Dios, a través del canto y la música.

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2 Responses to Los instrumentos musicales y su consagración

  1. EDGAR FEDERICO CASTELLANOS says:

    Es importante tener en cuenta lo que mencionas Carlos,cuando dices que hay que dar gracia por el don de la musica que se recibió y consagrarnos junto con el instrumento que toquemos. Es excelente artículo.

  2. aldo blanco says:

    Solo puedo comentar que este tema me ha servido mucho para entender este tema de la consagracion de una manera mas clara y deseo que Dios te siga bendiciendo

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