Dios se metió en mi cocina

Dios puede salirnos al paso con alguna enseñanza donde menos se le espera. Esta vez, fue en la cocina.


Les hablaré desde mi experiencia como recién casado. ¡Cuántas cosas podría compartir con ustedes al respecto… Y cuántas definitivamente no!
Mi señora y yo hemos aprendido que una de las gracias del matrimonio es que nos ayuda a ser mejores de lo que fuimos cuando éramos solteros –esa es la gracia; si no fuera así, mejor “apague y vámonos” y no se meta en esta vacaloca-. Personalmente debo decir que en estos tres meses y unos cuantos días de estar conviviendo con mi esposa, una de las cosas que más le agradezco es que me haya enseñado a cocinar algunos alimentos, que de soltero no hubiera sido capaz de preparar ni siquiera con un “cocina para dummies” a la mano. Por ejemplo, el arroz.
Si tú, querid@ lector@, no tienes idea de cómo se prepara arroz, aquí te doy la receta… Lo que se aprende gratis, se comparte gratis, ¿no?
Para cuatro porciones, tomas un pocillo de arroz previamente limpiado y escogido –cero piedrecitas, impurezas, etc.- y lavas los granos con agua en un recipiente varias veces, con ayuda de un colador, hasta que el agua salga del pote o crisol, una bonita palabra, lo más clara posible.
Tomas una olla con su respectiva tapa y pones a fuego lento un poco de margarina –tras varios intentos, sabrás cuál es la cantidad adecuada-, media cebolla redonda o “cabezona”, como le decimos en Colombia –pequeña o mediana- y unos toques de sal. Pasa lo mismo con la sal que con la margarina: su medida se aprende por ensayo y error, o por ensayo y terror, como decía John Lennon.
Se me olvidaba: si no hay margarina, el aceite de cocina es lo ideal.
Cuando se hayan freído un poquito la sal, la margarina y la cebolla, al arroz lavado en el pote le agregas dos tazas de agua –relación de dos a uno: una taza de arroz, dos tazas de agua; dos tazas de arroz, cuatro de agua y así- y pones esta mezcla en la olla. Subes el fuego al máximo y tapas la olla.
El agua empezará a hervir en unos cuántos minutos y, poco a poco, el arroz cubierto por el líquido empezará a salir a la superficie, gracias a que el agua se evapora por el calor. Cuando esto suceda, debes poner la olla en fuego lento otra vez, colocando debajo de ella alguna protección para evitar que se queme su contenido. Para este fin, yo utilizo cuatro latas que antes eran tapas de tarros de conservas.
En ese estado debes dejar la olla, siempre tapada, hasta que después de un tiempo los granos de arroz se vean totalmente –ya toda el agua se habrá evaporado- y apagas la estufa hasta que los granos estén bien abiertos. ¡Tenemos listo nuestro arroz!
Es más razonable que esta receta aparezca en el blog de un chef francés que en un blog dedicado a cosas de fe. ¿Qué tiene que ver el arroz con Dios, con los músicos? Que a través de esta cosa tan cotidiana, como es la de preparar los alimentos diarios, El Señor también puede darnos a conocer algún mensaje.
Dios también sabe de cocina
Nosotros preparamos el arroz empleando los mejores ingredientes, los más sabrosos, los más nutritivos, los que sean de más provecho para nuestras familias. Del mismo modo, al “cocinar” un ser humano, al cocinarte a ti, Dios tomó lo mejor. Por eso tú eres una obra muy grande de Su Amor.
Cocinamos los alimentos siguiendo unos pasos, una receta, en la cual lo primero es lo primero y lo segundo, lo segundo. Así mismo, se requiere medir muy bien los ingredientes. Un exceso o una falta de arroz, o de sal, o de cebolla, puede echar por la borda nuestro esfuerzo. Dios te hizo y te sigue haciendo de acuerdo con un plan, con un propósito para ti que debes descubrir. Y esto va para todas y todos. A veces, pareciera que algo va mal con su receta. Es como si el pescado en la cazuela pensara que el experto cocinero no lo está preparando adecuadamente, que algo falta o que algo sobra. Pero El Señor sabe cómo prepararnos. Nadie mejor que Él lo sabe. Hay que estar con los sentidos bien abiertos para entender y aceptar.
Mientras veía como las llamitas de mi estufa iba cocinando el arroz, pensé que Dios también utiliza algo parecido al fuego para ponernos a punto. Algunos dicen que los problemas son el fuego por el que el oro del que estamos hechos debe pasar para que se purifique. Yo creo que no son solamente los problemas, sino también las cosas buenas que nos pasan, lo que podemos observar de la realidad, a veces tremendamente dura, a veces tremendamente esperanzadora. Hay que verlo todo y aprender de todo para ver cómo todo nos hace mejores seres humanos.
¿Y para qué se preparan los alimentos? No para guardarlos debajo de la cama o en la nevera por meses. No. Se sirven bien calientes –excepto si son platos fríos- a la familia, a los amigos, a alguien que necesite restaurar sus fuerzas. Alrededor de la mesa, es lo ideal, nos reunimos y compartimos estas bendiciones. Así mismo, Dios no nos prepara para que quedemos guardados en nuestros egoísmos. Nos prepara para que el amor que depositó en nosotros al cocinarnos sea de provecho para muchas y muchos alrededor nuestro, para que este mundo sea cada vez mejor con el sabor de nuestra vida.
Espero que te haya servido mi receta para hacer arroz. Cuando te pongas el delantal y te animes a cocinar, sea este plato, o una sopa, o un pollito al horno, estoy seguro de que, si te fijas bien, Dios tendrá algo que decirte en medio de las ollas, el agua y los ingredientes. Si le sirves desde la música, ¡pon mucha más atención! Que Dios se meta también en tu cocina y en tu vida.
Dios espera grandes cosas de nosotr@s. Si le buscamos, él se deja encontrar.
Jesús con ustedes, con todas y con todos, ¡siempre!

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2 Responses to Dios se metió en mi cocina

  1. Anonymous says:

    mu bacano tu articulo.. sigue asi camarada..jeje

  2. Sara Maria Moreno M says:

    Muy bonito e interesante la receta del arroz con respecto al plan de Dios, se me ocurre que Dios nos preparó con todos nuestros ingredientes propios de c/u,(humildad,genio, figura,sencibilidad, debilidades, valores, etc) como !Flashhh! de un Solo SOPLO! Y QUE A MEDIDA QUE somos puestos en el fogón no vamos moldeando hasta lograr la meta. en que momento? Solo Dios sabe…TQM

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