La twituradora del pensamiento

José Antonio Méndez | Cortesía semanario Alfa y Omega

 

 

Mientras usted lee este reportaje, cientos de personas se esconden en el anonimato de Internet para difundir, a través de redes como Twitter y Facebook, las consignas que se corearán en las próximas manifestaciones callejeras, sea cual sea la convocatoria: llamar a la huelga, defender el aborto, criticar los recortes, o atacar a la Iglesia. Sus comentarios mordaces y breves, a veces no exentos de ingenio, son re-publicados por otros internautas, con el objetivo de demonizar, sin argumentos, a una persona, institución o idea políticamente incorrectos. Son algunos efectos de la reducción del pensamiento y del lenguaje que genera el mal uso de las nuevas tecnologías, y de los que se sirven individuos y grupos radicales para agitar a la sociedad. La pregunta es: ¿cómo se llega al corazón de quien sólo razona en 140 caracteres?

 

Como el lector no estará acostumbrado a contar letras y espacios, aclaramos: 140 caracteres son exactamente los que ocupa esta primera frase. Pues bien, desde que la red social Twitter hizo su aparición en España, allá por 2009, no hay convocatoria o manifestación que no tenga su reflejo en ella, en forma de hastag, el enunciado de un tema precedido del signo #, que sirve para que miles de personas comenten el asunto en, como máximo, 140 caracteres, y re-tuiteen lo que otros usuarios han publicado. Pero, claro está, limitar a 140 letras y espacios los argumentos de un debate es una reducción que se presta a no pocas simplicidades y manipulaciones.

 

La trampa de Valencia

 

Un ejemplo: cuando, en el mes de febrero, las protestas estudiantiles se concentraron en Valencia, miles de personas comentaban el hastag #Primaveravalenciana, hasta convertirlo en trendingtopic, es decir, el tema más comentado del día, con ecos en los medios de comunicación y otras redes como Facebook o Tuenti. El motivo de la algarada, según se dijo al principio, estaba en una protesta porque en el Instituto Luis Vives se había cortado la calefacción y los alumnos tenían que ir con mantas, por un supuesto impago del Gobierno valenciano. Incluso la diputada socialista y ex ministra Leire Pajín usó este argumento en el Congreso.

 

Los manifestantes desarrollaron concentraciones en torno al centro y se sucedieron altercados con la policía, que desembocaron en protestas contra el PP en toda España. Días más tarde, ABC destapaba que, en el Luis Vives, nunca se cortó la calefacción, que el Instituto disponía de financiación suficiente, que los profesores (cuyo sueldo había sido reducido en 150 euros al mes, en parte por los recortes del Gobierno de Zapatero) alentaron las protestas, y que la web www.primaveravalenciana.com había sido registrada, dos días antes de las cargas policiales, por el partido político de izquierdas Compromís, nacido tras el 15-M y con presencia en el Congreso bajo la agrupación Equo. La información del diario fue muy criticada por twitteros de izquierdas, que no hablaban de Compromís, ni de las mentiras de los convocantes, pero se empeñaban en calificar a ABC de manipulador por decir que www.privameravalenciana.com había sido registrada antes de las manifestaciones (el 15 de febrero), cuando, en realidad, lo que ABC había publicado es que esa web había sido registrada antes de las cargas policiales (el 18 de febrero). Curiosamente, después de que se destapasen las mentiras de los convocantes, Twitter fue un hervidero de críticas a los medios, a los que acusaban de manipular la realidad.

 

Las cloacas de la sociedad

 

Como explica el periodista de la cadena Cope Lartaun de Azumendi, profesor de Estructura y Producción del Mensaje Periodístico, en la Universidad CEU- San Pablo, de Madrid, y activo twittero, «las redes sociales son un instrumento que ha traído muchos beneficios, porque ahora podemos ampliar las relaciones personales y laborales, establecer más contacto con los amigos, tener un acceso más rápido a la información, o hacer un seguimiento de temas, de forma didáctica. También han democratizado el mensaje, porque antes estábamos acostumbrados sólo a recibir información, y ahora todo el mundo puede opinar, informar, o elevar una idea personal a categoría social. Pero eso también tiene una parte negativa, porque sirve de altavoz a personas y grupos que persiguen generar malestar, separar, aleccionar, manipular, ridiculizar o simplificar la realidad de forma truculenta, con mensajes destructivos»; una especie de cloaca social, en la que cualquier advenedizo puede verter contenidos perniciosos sin ningún filtro.

 

Ejemplos, por desgracia, no faltan: durante la Jornada Mundial de la Juventud, los twitteros más críticos con la Iglesia centraron sus protestas bajo el hashtag #Noconmidinero, que aludía a «los enormes gastos que tenemos que pagar los no creyentes de nuestro bolsillo por la visita del Papa». Con este argumento, en apariencia económico, se convocaron las protestas en las que numerosos peregrinos fueron agredidos, y en las que se corearon consignas antes difundidas en Internet, como En la mochila (de la JMJ), llevas condones; Vuestro Papa es un nazi; o La Virgen María también abortaría, entre otras. Los argumentos que demostraban cómo cada peregrino se había costeado su viaje y cómo la JMJ no sólo no costó dinero a la Administración, sino que generó riqueza, fueron calificados de radicales o nacionalcatólicos. Casos similares son los hastag #Yonopago o #Wertgüenza (que también tienen perfil en Facebook), en los que, mientras el lector lee estas líneas, cientos de usuarios anónimos critican el aumento del precio del transporte público y la política educativa del nuevo Gobierno, pero haciendo llamadas a colarse en el Metro y a proferir ataques contra el ministro, sin dar alternativas, sin criticar el despilfarro del anterior Ejecutivo, y sin denunciar el fracaso escolar, o el hecho de que no haya ninguna Universidad española entre las 100 mejores del mundo.

 

Mucha imagen, poca letra

 

Lo paradójico es que, por la propia naturaleza de Internet, cualquier internauta que desee escribir en la Red no está sujeto a la limitación de espacio que impone escribir en papel, y podría escribir un extenso tratado con el mismo coste que escribir dos líneas. Sin embargo, las redes sociales exigen escribir cada vez menos: Facebook, la primera red social que se popularizó mundialmente, imponía hasta hace poco no más de 500 caracteres en sus estatus; Twitter, sólo 140 caracteres en cada comentario; y Tuenti, la red social española más popular entre los adolescentes, imita la extensión de Twitter y, además, está enfocada a la publicación de fotos y videos. Con un agravante: los estudios que analizan cuánto tiempo dedicamos a leer textos o ver vídeos en una pantalla demuestran que, a pesar de que pasamos cada vez más horas del día delante de una pantalla de ordenador, móvil, o tablet, cada usuario dedica sólo 3 minutos, de promedio, a leer un texto, y poco más de 5 para ver un video. Aquello que a primera vista exceda esos tiempos, es descartado. Es decir: consumimos más contenidos, pero de forma más superficial.

 

Hablar peor = pensar peor

 

Esta reducción del lenguaje tiene graves consecuencias. Una investigación realizada por lingüistas de la Universidad canadiense de Calgary ha demostrado el impacto negativo que tiene el uso de los mensajes de texto (SMS) en nuestro lenguaje. El estudio constató que las personas que más SMS envían -con su lenguaje característico- tienen más dificultades para incorporar palabras nuevas en su vocabulario y para deducir el significado de palabras que no conocen, y las que cometen más faltas de ortografía. Son datos que también se pueden trasladar al intercambio de mensajes por whatsapp, cada vez más comunes, y al lenguaje de los chats.

 

Las conclusiones del informe vienen a desmontar la afirmación que hizo, allá por 2007, la entonces ministra de Educación, Mercedes Cabrera, cuando se jactó de que los malos datos de comprensión lectora de los alumnos españoles se habían sacado de contexto, porque «los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el SMS», y que, por tanto, «el sistema educativo español no ha fracasado».

 

Sociedad más manipulable

 

 

Un estudio advierte de que quienes envíanmás SMS leen, hablan y piensan peor. Pero, ¿qué implicaciones sociales tiene este empobrecimiento de la lengua? En el año 2000, la lingüista sueca y experta en análisis educativos Inger Enkvist alertó, en su libro La educación en peligro, de que «la competencia verbal de un joven decide cómo se desarrolla intelectualmente, cómo se las arregla en la educación y en la vida», y que, con datos de la Dinamarca de los años 90, se demostraba que «los jóvenes que tienen dificultades para expresarse oralmente y por escrito, tienen también dificultades para usar idiomas extranjeros y servirse de las matemáticas; y, en realidad, no son libres, sino fáciles de manipular». Y eso «se traduce necesariamente en una influencia negativa para la democracia». Hace unos meses, Enkvist actualizó esta idea en su último libro, La buena y la mala educación, en el que muestra, analizando los casos de los recientes disturbios de París y Londres, la relación entre el mal aprendizaje y uso del lenguaje hablado y escrito y la exclusión social, el desempleo, la inmigración no integrada y la violencia de grupos de jóvenes radicales. De hecho, el Gobierno británico ha reconocido en un informe que el fracaso escolar (que nace, en buena medida, por las dificultades en el lenguaje) fue una de las causas de los disturbios que azotaron Londres el pasado año.

 

Pensamiento kleenex

 

¿Quiere esto decir que usar Twitter o escribir SMS nos hace más tontos, o más violentos? Lartaun de Azumendi explica que «el mundo de lo instantáneo en el que vivimos, muy dominado por estímulos visuales, nos impulsa a consumir ideas también en pequeñas dósis. Se busca la inmediatez y la brevedad para transmitir ideas que necesitarían más profundidad, y por eso se suele recurrir a la ironía, al comentario ácido y a la crítica, que no exigen argumentación. Y es normal, porque es complicado transmitir, en 140 caracteres, una idea que busque unir, y no dividir, reflexionar, y no criticar, etc. Este uso de pensamiento-kleenex, de flashes que impacten y eslóganes que se repitan de forma rápida y pegadiza, más que peligroso -que también-, es triste, porque supone una reducción intelectual enorme.

 

Leer textos breves de forma compulsiva puede convertir a alguien en un gran citador de frases célebres, o en un irónico gracioso, pero poco más. Aunque, que quede claro, también se pueden poner links a textos largos, a artículos y blogs que ayuden a profundizar. El problema no está en el medio, sino en quien lo usa mal».

 

¿Quién se esconde detrás?

 

Otro aspecto llamativo de ese mal uso de Internet está ligado a la facilidad para ser manipulado, y es el hecho de que miles de personas difundan ideas que alguien lanza, pero sin saber quién ha empezado la cadena ni con qué intención -y, a veces, incluso, sin ser conscientes de las ideas que propagan-. El caso de Valencia y Compromís es sintomático, pero no se limita a Twitter: entre los internautas más jóvenes se han popularizado webs donde cada usuario puede elaborar viñetas satíricas -de dudoso gusto-, realizadas de forma rudimentaria, con los dibujos de los mismos personajes (apodados memes), y usando eslóganes en inglés. No hay más de 20 memes y cada uno refleja un estado de ánimo (burla, ira, o impulso a la masturbación, por ejemplo), asociado a su propio latiguillo en inglés. Así, un usuario anónimo corta y pega la cara de un meme, dibuja el cuerpo con un par de palitos mal trazados, escribe una idea socarrona y la cuelga en la web. Cientos de usuarios rebotan el dibujo en otras webs y, por tanto, también la idea (no siempre inocua) que tiene de fondo.

 

Y hay quien lo sabe aprovechar: como explica De Azumendi, la Red «es campo propicio para que grupos o personas ideologizadas, y singularmente de izquierdas, que tienen un mayor hábito de movilización, difundan sus eslóganes, a veces de forma burda, o para que, de modo sutil, divulguen frases o imágenes sarcásticas e ingeniosas, para inocular ideas que la mayoría no tiene en la cabeza, y que, a fuerza de repetirlas, son asumidas de forma acrítica».

 

¿Cómo se combate?

 

La pregunta es: ¿qué se puede hacer para rescatar a los jóvenes (y no tan jóvenes) de ser carne de manipulación? La Iglesia ha optado por tener una creciente presencia en las redes sociales, y la Santa Sede organiza periódicamente congresos sobre cómo aprovechar la Red en la era de la nueva evangelización. De hecho, el Vaticano ha lanzado una herramienta on line para tener mayor presencia en las webs, e incluso Benedicto XVI tiene cuenta en Twitter y canal en Youtube.

 

Estar sí, pero sin confundirse

 

Pero, ojo, que san Pablo fuese al areópago griego a predicar el Evangelio no significa que usara los sofismas y engaños de sus oponentes. Por eso, el propio Benedicto XVI recordó, en su Mensaje para la Jornada de las Comunicaciones Sociales de 2011, que «existe un estilo cristiano de presencia en el mundo digital, caracterizado por una comunicación franca y abierta, responsable y respetuosa del otro. Comunicar el Evangelio a través de los nuevos medios significa no sólo poner contenidos abiertamente religiosos en las plataformas de los diversos medios, sino también dar testimonio coherente en el propio perfil digital y en el modo de comunicar preferencias, opciones y juicios, que sean profundamente concordes con el Evangelio». Además, proponía que a quienes les preocupe esta situación no huyan de Internet, sino que hagan un uso responsable de las redes sociales y asuman una función pedagógica en su entorno: «Tampoco se puede anunciar un mensaje en el mundo digital sin el testimonio coherente de quien lo anuncia. El compromiso de ser testigos del Evangelio en la era digital exige estar atentos a los aspectos de ese mensaje que puedan contrastar con algunas lógicas típicas de la Red. Hemos de tomar conciencia de que el valor de la verdad que deseamos compartir no se basa en la popularidad que provoca. Debemos darla a conocer en su integridad, más que intentar hacerla aceptable, quizá desvirtuándola».

 

Proponer sin miedo

 

En su Mensaje, el Papa concluía con una llamada a no renunciar a introducir criterios de verdad en medio de la amalgama de eslóganes manidos, para que las personas puedan escoger un camino alternativo a la manipulación simplista que algunos proponen: «Los creyentes, dando testimonio de sus más profundas convicciones, ofrecen una valiosa aportación, para que la Red no sea un instrumento que reduce las personas a categorías, que intenta manipularlas emotivamente o que permite a los poderosos monopolizar las opiniones de los demás. Por el contrario, los creyentes animan a todos a mantener vivas las cuestiones eternas sobre el hombre, que atestiguan su deseo de trascendencia y la nostalgia por formas de vida auténticas, dignas de ser vividas». Es decir, que también contra la trituradora del pensamiento hace falta quien proponga razones de peso, avaladas desde el testimonio de vida.

 

La neolengua de Orwell

 

En su novela 1984, George Orwell escribió uno de los más lúcidos alegatos contra la alienación ideológica de la sociedad, inspirándose en cómo los postulados de la URSS eran impuestos con apariencia de verdad y libertad, y asumidos de forma acrítica por Occidente, bajo la amenaza de la corrección política. Entre las técnicas que se utilizan en Ingsoc, el régimen totalitario descrito por Orwell, para controlar a los individuos, destacan la manipulación y reducción del lenguaje, que el británico bautizó como neolengua, y la persecución a las ideas, con el nombre de crimental. Así explica ambos conceptos Syme, un funesto personaje de la novela encargado de perfeccionar la neolengua:

 

«En el fondo de tu corazón prefieres el viejo idioma, con toda su vaguedad y sus inútiles matices de significado. No sientes la belleza de la destrucción de las palabras. ¿No sabes que la neolengua es el único idioma del mundo cuyo vocabulario disminuye cada día? (…) ¿No ves que la finalidad de la neolengua es limitar el alcance del pensamiento, estrechar el radio de acción de la mente? Al final, acabaremos haciendo imposible todo crimen del pensamiento. En efecto, ¿cómo puede haber crimental si cada concepto se expresa claramente con una sola palabra, una palabra cuyo significado esté decidido rigurosamente y con todos sus significados secundarios eliminados y olvidados para siempre? (…) Cada año habrá menos palabras y el radio de acción de la conciencia será cada vez más pequeño. (…) La revolución será completa cuando la neolengua sea perfecta.

 

 

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Dos millones contra trescientos

Luis Alfonso Orozco | analisis@arcol.org

 

 

Trescientos es también el título de una famosa producción del cine que hace alusión a la heroica resistencia de los espartanos de Leónidas contra el invasor persa, que quería someter a toda Grecia. En aquel caso se trató de un puñado de soldados que enfrentó y detuvo en un paso estratégico al millón de combatientes del invasor persa. Murieron todos pero su objetivo era noble, pues actuaron en defensa de la patria amenazada.

 

En España la desproporción resultó aún mayor, si se consideran por un lado los dos millones de jóvenes y personas de todo el mundo que acudieron a la cita con el Papa a la Jornada Mundial de agosto del 2011 en Madrid. Convivieron en jornadas pacíficas para manifestar su fe, mas no amenazaban ni provocaban a nadie con sus rezos y sana alegría. Estaban allí para expresar su derecho a la libertad religiosa y a mostrar sus convicciones, sin molestar a los no creyentes. Algo más de trescientos fue el número de ateos que protestaron en días pasados gritando sus consignas e insultos contra la Iglesia católica y la religión, en un popular barrio de Madrid. Su objetivo, atacar a la Iglesia católica y mostrar su falta de respeto.

 

Forumlibertas.com reporta que “la ‘procesión’ atea prohibida para Semana Santa, tuvo lugar el viernes 20 de abril, por la noche. La manifestación contó con una enorme publicidad colateral gracias a la polémica en torno a su prohibición en Semana Santa por parte de la Delegación del Gobierno al considerar que podría poner en peligro el normal desarrollo de los actos católicos… A pesar del altavoz que ha significado los medios, y que la concentración estaba convocada por varias organizaciones, los promotores no pudieron reunir a más de 350 manifestantes”.

 

Unos cuantos cientos de personas, apoyadas por una enorme publicidad, no tenían la intención de manifestarse serenamente puesto que lo que buscaban era ofender e insultar. La misma fuente de noticias añade que “En un vídeo se muestra que los manifestantes insultaron y vejaron a la Iglesia Católica a pesar de que la delegada del Gobierno, Cristina Cifuentes, había advertido a los convocantes de que si durante la manifestación se realizaban actos que supusieran “una ofensa a la religión católica”, dejaría de tener una finalidad lícita y se procedería “a su disolución”.

 

La realidad fue que la concentración solamente sirvió para atacar a la Iglesia católica, los católicos y sus representantes. En el vídeo se pueden escuchar: “Hay que quemar la Conferencia Episcopal”, “cura muerto, cura bueno”, “la iglesia que ilumina es la que arde”, “que se metan por el culo la Conferencia Episcopal”. Hubo además insultos a los sacerdotes y a los militares e injurias al Arzobispo de Madrid.

 

Quienes no respetan a los demás, no pueden alegar de libertad de expresión o de tolerancia, resultando ellos mismos los perfectos intolerantes contra lo que no admiten. La libertad de expresión se acaba donde comienza el insulto, la descalificación personal, las ofensas y los ataques manifiestos contra personas e instituciones. Ellos mismos se descalifican con su proceder y además muestran que no saben dialogar ni saben convivir en paz dentro de una sociedad plural y libre, donde el respeto por el otro constituye una regla elemental.

 

Otra cosa que llama la atención es que un puñado de manifestantes esté respaldado por una publicidad descomunal, y esto viene sucediendo cada vez que se ataca al Papa y a la Iglesia católica. Hoy en día es muy fácil insultar y agredir a la religión católica en las plazas y calles de Europa, y no te pasa nada. ¿Por qué no se van a manifestarse y gritar sus groserías a El Cairo, a Jerusalén, a Pekín?, ¿por qué no hablan contra otras religiones? Son los mismos fundamentos de la libertad en occidente los que ellos pisotean con sus acciones reprobables

 

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Brian Welch, guitarrista de una banda satánica, aceptó a Cristo y se bautizó en el Jordán

 

Ángeles Conde Mir | Cortesía de la revista Misión

 

Era una estrella del rock pero estaba muerto por dentro”. Así resume Brian Welch lo que fue su vida desde 1993, año en que forma junto a otros amigos, la premiada y aclamada banda de nu-metal Korn que ha vendido 60 millones de discos en todo el mundo.
Welch era el guitarrista y uno de los miembros fundadores de la banda. Su historia se repite en la figura de muchos otros músicos que han llevado sus vidas hasta el límite.
Criado en un hogar cristiano, tuvo una infancia tranquila; sin embargo, su timidez le provocó muchos problemas en su adolescencia y juventud. En el mundo de la música, su banda se convirtió en un refugio seguro frente al rechazo y la marginación.
Premios cantando a la droga
Su primer disco, lanzado en 1993, fue todo un éxito de crítica y público. Y aunque sus letras, excesivamente oscuras, están plagadas de referencias esotéricas, drogas, sexo y violencia, ello no les impidió conseguir ventas millonarias y el reconocimiento de la industria americana con dos premios Grammys.
Era el sueño de Brian desde niño: fama, dinero y viajes pero el músico era profundamente infeliz. Korn no dejaba de tocar y hacer giras y, en la medida en que el éxito aumentaba, su vida personal se resentía. Su esposa acabó abandonándole y después ella murió víctima de la drogadicción. Él se quedó con la hija de ambos, de muy corta edad.
Cocaína, speed, alcohol…


La tristeza y la presión derivada de la fama condujeron al músico al mundo de la droga: cocaína, speed, cristal, somníferos, metanfetamina y alcohol.”Era como vivir en el infierno. Solo quería dormir y nunca despertar. Quería morir” asegura Welch.
El guitarrista había construido una vida apoyada ídolos de barro: “Adoraba la fama, el dinero, el éxito, adoraba esas cosas de las cuales pensaba que constaba la vida”. La adicción a las drogas se hizo más y más fuerte hasta el punto de llegar a consumirlas delante de su propia hija. Welch afirma que tocó fondo, un fondo mucho más profundo del que podría haber imaginado jamás. Por entonces, le rondaba la idea de dejar la banda para poder salir del abismo pero no se atrevía a dar el paso.


“Sueño con el sexo todo el día”


Hasta que un día, en una de sus giras, vio a su pequeña, con apenas 5 años, cantando una de las canciones del grupo cuya letra dice “sueño con el sexo todo el día”. En ese momento entendió que esa forma de vida no era la adecuada para él ni para su hija.
En su búsqueda, un amigo, preocupado por su estado, le envió un email con un versículo de la Biblia, Mateo 11:28 (“venid a mí los cansados y agobiados, y yo os aliviaré”). Unas semanas más tarde, ese amigo le invitó a una iglesia protestante. Welch afirma que ahí mismo, aceptó a Cristo en su vida. “Sentí que me decía “no te condeno” y sentí su gran amor”. Al día siguiente tiró toda la droga que encontró en su casa y le dijo a su hija que estaría con ella siempre.
Peregrinación a Tierra Santa

 

Brian se unió a la comunidad cristiana que le había presentado su amigo y con ellos realizó un viaje muy especial, una peregrinación a Tierra Santa. Allí, el antiguo componente de la banda satánica, recibió el bautismo en el Jordán. En el momento en que le colocaron la túnica blanca, justo antes del bautizo, comenzó a llorar como un niño pidiendo perdón a Dios pero, tras su bautismo por inmersión, inmediatamente se sintió en paz.
“Dios entró en mi corazón y me dio el don de entender que todo está hecho por Él y para Él” repite Welch en cada entrevista que concede. Sus palabras sobre el amor de Dios contrastan con su impactante aspecto de rockero tatuado.

 

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Actualidad del Fedón: un diálogo para pensar en la otra vida

Fernando Pascual

Un filósofo condenado a muerte habla con sus amigos.  Es el día de la ejecución de la sentencia. Se palpa la tensión ante el misterio de lo que está por iniciarse. Un extraño sentimiento invade a los lectores al presenciar la muerte, serena, profunda, filosófica, de Sócrates.

Leer el Fedón sigue siendo actual. Lo es porque toca el tema de la muerte y de la inmortalidad. Lo es porque nos habla de cómo debe vivir el hombre. Lo es porque nos pone ante lo que somos, nuestra grandeza y nuestra fragilidad, nuestra alma y nuestro cuerpo, nuestras esperanzas ante la otra vida y nuestros temores ante la falta de certezas
absolutas sobre lo que ocurra al otro lado del camino.

Platón nos ha dejado, con este diálogo, el testimonio, real o imaginario, de una lucha intelectual. Sócrates se siente seguro de sí, lleno de confianza, ante la muerte inminente. Todo ocurre el mismo día en el que deberá tomar la cicuta, en el que será ejecutado.

Sus amigos, en cambio, no soportan la idea de perder al maestro. Por lo mismo, no comprenden su aplomo, el dominio de sí mismo y la manera de pensar en la otra vida.

Con el Fedón, o sin él, también nosotros nos preguntamos por la otra vida, por lo que viene. Ante la muerte de un familiar o de un amigo, de un personaje famoso o de uno poco conocido, nos preguntamos si su existencia terminó, si sólo nos queda un cuerpo en descomposición. Queremos saber si el alma continúa, en otra vida, un camino de aventuras y esperanzas, de ansiedad o de satisfacción, de preguntas o de respuestas.

No tenemos una línea directa de comunicación habitual para conocer lo que hay tras la frontera de la vida terrena. No se da un contacto empírico, cierto, con los muertos, como el que podemos tener con el amigo que ha viajado a otra ciudad y nos llama por teléfono. La ciencia no tiene instrumentos para medir la dimensión transcendente, espiritual, de un
alma que se separa del cuerpo.

El camino de la filosofía busca pruebas y argumentos, como los que ofrece Sócrates en un día cargado de emociones y despedidas.

El camino de la Revelación, de un posible mensaje divino, nos abre horizontes y nos desvela misterios. No se excluye este segundo camino en el Fedón, pero Platón no nos presenta ningún mensaje divino que resuelva el problema, y por eso centra su atención en los argumentos.

Al final de nuestro diálogo, Critón pregunta a Sócrates cómo quiere ser enterrado. Sócrates sonríe, entre malicioso y triste.  Su respuesta es un mensaje de certezas: “no me quedaré después que haya muerto, sino que me iré abandonándoos”. En otras palabras, es como si dijera a su amigo: “Haz lo que quieras con mi cuerpo. Lo que se refiere a mí, a mi auténtico yo, a mi alma, ten por seguro que no podrás tocarlo, que no lo tendrás en tus manos después de la muerte, sino que escapará a otros mundos”.

El Fedón sigue siendo un diálogo para reflexionar en ese misterio, el de mi muerte, el de la muerte de cada ser humano. Nos ayuda a mirar al futuro para escrutar, entre tinieblas, si un horizonte inicia tras el frío de la tumba. Nos hace intuir que la muerte no es un final dramático, sino el preludio de algo infinitamente hermoso y bello que inicia para quienes han vivido de modo justo y bueno.

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Barack decepción Obama

José Antonio Fúster | Cortesía del semanario ALBA

Obama ha decidido que el embarazo es una enfermedad: obligará a las instituciones
católicas a financiar los derechos reproductivos de sus empleados. Los obispos
confirman que desobedecerán “las leyes intrínsecamente malas” de “un presidente
decepcionante”.

El pasado mes de agosto, los obispos estadounidenses se llevaron las manos a la cabeza al conocer el borrador del reglamento de la Ley de Reforma Sanitaria presentada por Barack Obama. De aprobarse la norma proyectada por la Casa Blanca, todos los empleadores católicos de los Estados Unidos estarían obligados a contratar seguros de salud para su plantilla que deberían incluir, entre otras
prestaciones “preventivas”, la píldora abortiva, la contracepción y hasta la
esterilización. Eso se traduce en que, por ejemplo, la sociedad que gestiona un
comedor de beneficencia o un hospital católico estaría obligada a contemplar el
embarazo como una enfermedad y sufragar los mal llamados “derechos reproductivos” de sus trabajadores.

Los obispos volvieron sus ojos hacia el presidente de la Conferencia Episcopal estadounidense, el arzobispo de Nueva York, Timothy Dolan; un sabio conservador que habla español y que combina la crítica hacia Obama con unas buenas relaciones con altos cargos del Partido Demócrata. Tampoco es extraño. Los demócratas son una formación que sabe que en un país de mayoría baptista y pentecostalista en el que hay millones de luteranos y presbiterianos conservadores, no hay nada mejor para equilibrar fuerzas que contar con el voto católico.

Malpensados

El arzobispo Dolan pidió una reunión urgente con el presidente de los Estados
Unidos y la Secretaría le citó para principios de noviembre. Dos meses parece
mucho tiempo, pero las señales que enviaban los demócratas a la Conferencia
Episcopal no podían ser más favorables. El borrador afectaba no solo a la
libertad religiosa, sino también a la libertad de conciencia, y Obama podía ser
un abortista convencido (que lo es: el hawaiano jamás entra en otra consideración que no sea que el aborto es un derecho de la mujer), pero se le conocían unas declaraciones de 2008 en las que aseguró que “se equivocan los laicistas cuando piden a los creyentes que dejen su fe a la puerta antes de entrar en la esfera pública”.

Quizá por eso se pensó, mal, que los demócratas alargarían la cláusula de exención que contenía el reglamento de Sanidad.  Esa cláusula exoneraba de la obligación de contratar tales seguros a aquellas organizaciones religiosas que presten servicio solo a miembros de su propia confesión y tengan como único objetivo la enseñanza de valores religiosos. La excepción era magnífica para musulmanes, testigos de Jehová o adventistas del Séptimo Día; pero perversa para los católicos, que jamás discriminan a la hora de prestar servicio o ayuda. En aquel momento, los obispos consideraron que esa norma no la pasarían “ni siquiera Jesús y sus apóstoles”. No era, y no es, una exageración.

Sin embargo, la reunión de noviembre entre Obama y el arzobispo Dolan fue, según
describió el prelado, “increíblemente amistosa”. Dolan llegó a afirmar que “el
presidente se mostró tajante a la hora de asegurar que, para él, la protección
de la libertad de conciencia es sagrada y que, por lo tanto, su Administración
no hará nada que impida el trabajo de la Iglesia (católica), que él tanto estima”. Aliviados, los obispos estadounidenses cerraron la herida. El resto de las confesiones, incluso metodistas y episcopalianos (siempre tan demócratas
ellos), y a excepción de las sectas -que disfrutaban de la cláusula que antes
comentamos-, también sintieron cierto alivio.

Traición

Quien no lo sintió fue el papa, quien el 6 de enero anunció que nombraba cardenal al arzobispo Dolan. Obama se las tendría que ver con un príncipe de la Iglesia. A
mediados de enero, alguien filtró a la Secretaría de Estado del Vaticano que la
resolución final de Obama podía suponer un serio revés para la Iglesia en los
Estados Unidos. Con urgencia, el mismo 19 de enero, el papa se dirigió a los
obispos estadounidenses y los exhortó a que se preparasen para contrarrestar
los “preocupantes intentos de limitar la más querida de las libertades americanas, la libertad religiosa [...] así como las amenazas al derecho a la objeción de conciencia a personas e instituciones católicas que no quieran intervenir en prácticas intrínsecamente malas”.

Un día después, la exgobernadora de Kansas, Kathleen Sebelius, secretaria de Salud de la Administración Obama y nacida católica (ver apoyo), confirmaba los malos
presagios. Eso sí, en un gesto mitad electoralista, mitad condescendiente, fechaba en el 1 de agosto la entrada en vigor de la norma… y un año de aplazamiento a partir de ese día para que las organizaciones religiosas se adaptaran a la nueva norma.

El cardenal (nombrado) Dolan se quedó de una pieza. En una durísima columna en el Wall Street Journal -la biblia laica de los conservadores- no solo revelaba el
contenido de su reunión con Obama, sino que afirmó que se sentía “muy decepcionado personalmente” (otra forma de decir “traicionado”). En su artículo, Dolan escribió que “la Iglesia Católica defiende la libertad religiosa, incluida la libertad de conciencia, para todos. Los amish no tienen seguro médico y el Gobierno respeta sus principios. Los practicistas (de Mary Baker Eddy) aspiran a curar solo por el poder de la oración y la Ley de Reforma Sanitaria respeta su particularidad. Los cuáqueros y otros grupos religiosos se oponen a matar incluso en tiempos de guerra, y el Gobierno respeta este principio para quienes objetan en conciencia. Pero con esta última decisión, el presidente Obama fracasa en mostrar el mismo respeto a las conciencias de los católicos y de otros que se niegan a tratar el embarazo como si fuera una enfermedad”.

El resto de los obispos ha cerrado filas en torno a Dolan, como ya lo hiciera cuando en 2009 el arzobispo de Nueva York firmara la Declaración de Manhattan junto a la
Iglesia Ortodoxa, en la que se animaba a desobedecer las leyes que permiten el
aborto, el matrimonio homosexual y cualquier otra cuestión que traspase la
delgada línea roja de la conciencia religiosa.

Después de todo lo explicado, el lector entenderá a la perfección -e incluso compartirá- las malhumoradas palabras de su eminencia David Zubik, obispo de Pittsburgh, cuando la pasada semana dejó dicho, y por escrito, que “Kathleen Sebelius, y a través de ella toda la Administración Obama, han dicho ‘Idos al infierno’ a los católicos de los Estados Unidos”. Y quizá también comparta las palabras del arzobispo Dolan en las que advierte, o amenaza, que “tenemos un año para acostumbrarnos a la idea de que tenemos que desobedecer a la ley”.

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El eco de los ahogados

Nuestra fe no es un cuento de fantasmas sino una realidad de vivos y de vida.

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Juan Pablo II en iPhone, el beato de los medios de comunicación

En el día de la beatificación de Juan Pablo II, el Vaticano quiso rendir homenaje al “papa mediático” también a través de los modernos instrumentos de la web. Y lo hizo realizando www.juanpabloii.va; un sitio pensado y proyectado para acompañar los días de la beatificación, un sitio que utiliza la fuerza y la inmediatez de las imágenes como vehículo de comunicación preferencial

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La prensa y el poder de ocultar


La prensa puede exaltar o puede denigrar. Puede defender o puede atacar. Puede rescatar o puede hundir. Pero tiene una dimensión peculiar que no siempre recordamos: puede callar, esconder, ocultar.

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Disfrutar de la vida (en el pensamiento de G. K. Chesterton)


Muchos dirán que esto es por culpa de un materialismo ciego que niega a Dios… Puede ser. Pero también puede ser que sea una negación de los perfiles de la personalidad y la voluntad humanas: en el fondo estarían negando al mismo hombre.

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Un nuevo panorama jurídico y político en el mundo árabe


Si consideramos la geografía, no encontramos país, en la franja que va desde Marruecos a Pakistán, que no viva un período de dificultad o de crisis en sentido propio.

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